El desempeño físico o la composición corporal son solo parte de la ecuación. Tu salud es bastante más compleja y, en gran parte de sus vericuetos podrás beneficiarte del yoga. Veamos algunas de las áreas donde el yoga ha mostrado mejoras interesantes para la salud de las personas.
Función cognitiva: El yoga ayudó a mejorar la ejecución de tareas relacionadas con la memoria, el tiempo de reacción entre cambios de tareas y mayor precisión en su ejecución (estudio).
Bienestar emocional: Algunos estudios han detectado efectos positivos del yoga en lo que se denomina “positive affect“, la medida en que un individuo experimenta subjetivamente estados de ánimo positivos como la alegría, el interés y el estado de alerta. Aunque no está del todo claro el mecanismo, la práctica del yoga podría guardar relación con una mayor centralidad y conectividad neuronal del núcleo caudado con el resto del cerebro (fuente).
Embarazo, feto y puerperio: El yoga prenatal en sus diferentes modalidades mostró (aquí) relación con una menor incidenca de desórdenes prenatales, menos dolor, menos estrés, mejores índices de socialización, más duración del embarazo, mayor diámetro parietal del feto, mayor longitud del fémur, mayor peso fetal y circunferencia craneal y mejor circulación sanguínea del feto. El yoga también mostró funcionar mejor que otras intervenciones —masajes, ejercicio, apoyo social…— a la hora de reducir la depresión y ansiedad preparto, problemas que afectan a entre el 10 y 20 por ciento de las embarazadas (metaanalásis); también podría ser clínicamente relevante en el tratamiento de la dramática depresión postparto (fuente).
Estrés: Algunas mediciones han encontrado mayores niveles de antioxidantes en los practicantes habituales de yoga, una buena barrera contra los efectos del estrés oxidativo. Ha mostrado buen comportamiento como tratamiento del estrés postraumático en veteranos de guerra, reduciendo el riesgo de abuso de alcohol y drogas (estudio). También ha funcionado bien para reducir la ansiedad, el pánico o la agorafobia (estudio) y para reducir niveles de cortisol en el combate contra la depresión (estudio). Incluso ha logrado interesantes efectos positivos en personas con una relación emocional con la comida, con mejoras antropométricas en personas obesas (estudio).
Salud cardiovascular: El yoga parece haber mostrado efectos muy deseables también para tu corazón y arterias. Desde reducciones (y remisiones) en casos de prehipertensión, hasta mejorías superiores a los fármacos en un buen puñado de estudios sobre hipertensión y presión sanguínea (fuente). Lamentablemente, muchos de estos estudios adolecen de una falta de metodología sólida, así que los autores suelen insistir en pedir precaución a la hora de cantar los resultados.
Dolor: Ya te hemos hablado de la lacra que supone en muchas sociedades el dolor crónico. De nuevo parece que el yoga, a pesar de la falta de más estudios de calidad, ha ido dejando buenos resultados en la lucha contra el dolor de diferentes causas. Por ejemplo, frente la artritis o la osteoartritis de rodilla se observó que algunas rutinas de yoga disminuyeron el dolor, la hinchazón y la rigidez, mientras que mejoró el dolor al caminar, el rango de flexión de las articulaciones, la sensibilidad articular, la crepitación o el tiempo de caminata. El yoga también podría ayudar a reducir el dolor cervical, el dolor de cabeza y migrañas, el dolor en el síndrome menstrual o la pandemia industrial del dolor lumbar.
Cáncer: Últimamente hay un auge de investigaciones sobre el efecto del yoga como adyuvante para mejorar la sintomatología y calidad de vida de personas con cáncer. Nuevamente, la disparidad de criterios en la elaboración de ciertas intervenciones impide tener resultados más contundentes, aunque sí se observan mejoras en la calidad de vida, del sueño, reducción de estrés y posibles mejoras en el linfedema de mujeres que han sufrido la extirpación de ganglios linfáticos por culpa de un cáncer de mama (estudio).
Otros problemas de salud: Algunas pruebas en pacientes con asma han recogido mejorías en la capacidad vital forzada, flujo espiratorio máximo y volumen espiratorio forzado, aunque los resultados tampoco permiten una recomendación fuerte (revisión). También se han percibido mejoras en el control glicémico, niveles lipídicos, estrés oxidativo, presión sanguínea, función pulmonar, mejor sueño y menor necesidad de medicación en personas con diabetes tipo II (estudio). Mejorías análogas se han observado en diferentes intervenciones con pacientes de esclerosis múltiple, síndrome de colon irritable o el síndrome de fatiga crónica.
También parece ser una buena intervención para algunos problemas muy vinculados a la edad: mejoras en el equilibrio, en la mobilidad, contra la osteoporosis, o frente a dificultades respiratorias.

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